Detrás del reconocimiento existe un antiguo problema humano.
La Escritura describe a la persona oprimida que sufre y permanece en silencio: «Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca». — Isaías 53:7
El silencio no significa que no se esté causando daño. Eclesiastés contempla las lágrimas de los oprimidos y observa que el poder permanece del lado de sus opresores, mientras no hay nadie que los consuele. — Eclesiastés 4:1
La respuesta que ofrecen los Proverbios consiste, por tanto, en dar voz donde no la hay: «Abre tu boca por el mudo». Inmediatamente vincula esa voz con el juicio: «juzga con justicia» y defiende a quienes no pueden defenderse. — Proverbios 31:8–9
Isaías completa la secuencia: «buscad la justicia, corregid la opresión». — Isaías 1:17
Estos pasajes no afirman, en una sola frase, que el daño continúa hasta que es reconocido. Sin embargo, considerados conjuntamente describen la secuencia humana subyacente: el sufrimiento puede existir sin ser expresado; la opresión puede continuar mientras el poder permanezca en manos del opresor; dar voz hace posible el juicio; y reconocer la opresión permite actuar contra ella.
Mientras el daño no sea reconocido como daño, puede continuar sin control. El reconocimiento es el comienzo de la contención.
Human Flag aplica este problema humano a una condición tecnológica concreta. Una persona puede rendirse, pedir que cese la violencia o dejar de ser un objetivo lícito. Pero si ese cambio no puede expresarse, percibirse y reconocerse a tiempo, no puede afectar a lo que ocurre después.